sábado, 27 de noviembre de 2010

Tumbado boca arriba en mi propia cama, encuentro un par de calcetines. Están ahí, moviéndose frente a los míos, regodeándose de una felicidad suprema que todavía no ha llegado.

Suspiros, miradas, canciones, escalofríos. Todo invenciones. Una melodía a piano. Siempre la misma. Me desborda, me descontrola.

Supero su armadura, la rasgo, adelanto a pasos agigantados vuelvo atrás. Llego a encontrar esa mirada acordada a dos centímtros de distancia.

Sabes que voy a vencer y te escondes. Escuchas mis palabras y huyes de la melodía que deseas escuchar. Sientes que no tienes donde escapar. ¿Por qué huyes?

Se acabó el chocolate. Necesito sustituirlo: abrazos gratis.

Y si no me despierto, recuérdame todo lo que hablamos.